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  • Albert Pi

La Importancia de la Educación Emocional




La inteligencia emocional está adquiriendo mucha importancia en las últimas décadas. La psicología y la neurociencia han estado estudiando este fenómeno y hoy en día hay muchas publicaciones que apoyan que ser emocionalmente inteligente aporta múltiples beneficios. A nivel educativo podríamos resumirlo en dos grandes pilares: la educación emocional aumenta el bienestar y el rendimiento académico de los alumnos.


En el libro Aprendizaje Emocionante (Ibarrola, 2014) se menciona un estudio estadounidense en el que concluyeron que las competencias emocionales representan el 80% del éxito en la vida, en contraposición con las competencias cognitivas que solo representan el 20%; coincidiendo con el popular divulgador científico Daniel Goleman que defiende que la inteligencia emocional es la clave que nos permite llevar una vida más prospera y feliz (Goleman, 1995).


En el ámbito educativo, las emociones tienen un papel muy importante. Si un niño/a en la escuela no se siente bien, todos los otros ámbitos se ven afectados: su razonamiento, su atención, su memoria, su comportamiento, sus relaciones o su bienestar. Un estado de alta intensidad emocional puede bloquear los procesos cognitivos. Se le llama secuestro emocional cuando la amígdala toma el control de los recursos mentales y secuestra la atención y la capacidad de trabajo. Normalmente se debe a emociones como el enfado, la ansiedad, o el miedo. (Goleman, D., Boyatzis, R., & McKee, A. 2016)


También sabemos que el aprendizaje y las emociones están intrínsecamente ligados, las emociones son el pegamento de la memoria. Por lo tanto, una emocionalidad sana es necesaria e indispensable para el éxito académico. “Para que se produzca el aprendizaje óptimo, los estudiantes han de ser emocionalmente competentes” (Blakemore, S. J., Frith, U., & Marina, J. A. 2007: 304). Apostar hacia una educación integral donde los componentes cognitivos y los componentes emocionales sean trabajados de forma simultánea y armónica es el reto de la educación en el siglo XXI. Aristóteles ya afirmaba hace más de 2300 años que “Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto”.


La falta de educación emocional perjudica tanto el presente del alumnado como su futuro personal, familiar y profesional. La edad infantil es la adecuada para aprender a desarrollar las habilidades emocionales que se convierten en hábitos de pensar, de sentir, comportarse y relacionarse con el mundo. Si no se trabaja desde bien temprano en la infancia después de mayor es mucho más difícil el cambio. Cambiar hábitos y patrones de pensamiento en personas adultas es más costoso que crearlos en los niño/as. En las disciplinas de la salud, se sabe que la prevención es más efectiva y económica que la curación.


Cuando hablamos de educación emocional la entendemos como una intervención preventiva que puede disminuir muchas conductas de riesgo en la sociedad. La educación emocional forma parte de lo que denominamos prevención primaria, que en medicina se entiende como aquella que se hace cuando aún no existe la patología o el malestar. Se enfoca en eliminar las causas y disminuir la incidencia, se enfoca en promover hábitos saludables, en este caso, podríamos hablar de hábitos emocionales saludables.


La mayoría de la problemática social está relacionada con el manejo de las emociones y del estrés: la agresividad, el consumo de drogas, la violencia de género, los trastornos mentales, las relaciones interpersonales tóxicas o incluso las enfermedades médicas. Aprender habilidades emocionales puede tener un gran valor preventivo y de salud social ya que podría incurrir en una disminución considerable de todas esas problemáticas. La educación es más efectiva y económica que la seguridad nacional o la sanidad pública.


De acuerdo con Bisquerra (2011): “Tomando conciencia de la realidad que nos rodea, hay que reconocer que muchas de las competencias básicas para la vida que se adquirían en la familia, hoy en día no se pueden dar por obvias en la educación familiar. Esto sería no tocar de pies en el suelo. Se necesita que la escuela se implique en las competencias emocionales y sociales”. El principal factor socializador es la familia seguido de la escuela. Debido que a nivel social no se puede asegurar que todas las familias puedan educar las emociones de forma correcta, entendemos que la única manera de garantizarlo es a través de los centros educativos.


Implementar la educación emocional es una tarea pendiente en el sistema educativo. Los agentes relacionados con el sistema educativo tienen una responsabilidad muy grande para el bienestar social: las instituciones, los políticos/as, los maestros/as y los padres y madres deben ser conscientes de la importancia de trabajar en una educación integral que incluya la educación emocional.


"Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro"

John F. Kennedy



REFERENCIAS

Bisquerra, R. (2011). Educación emocional. Propuestas para educadores y familias. Bilbao: Desclée de Brower.

Blakemore, S. J., Frith, U., & Marina, J. A. (2007). Cómo aprende el cerebro: las claves para la educación. Ariel.

Ibarrola, B. (2014). Aprendizaje emocionante: neurociencia para el aula (Vol. 5). Ediciones SM España.

Goleman, D. (2011). Intel·ligència emocional. Editorial Kairós.

Goleman, D., Boyatzis, R., & McKee, A. (2016). El líder resonante crea más: El poder de la inteligencia emocional. DEBOLS! LLO.

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